Usos adolescents de les xarxes socials

Aquesta setmana m’ha tocat fer dues xerrades dirigides a pares d’adolescents sobre els usos de les TIC. I presentar algunes pautes per afavorir usos responsables i prevenir-ne d’altres de problemàtics. Una a l’Escola Cervetó (Granollers) i l’altra a Sant Fruitós del Bages. Deixo la presentació.

Entrevista a La Terrassa sobre les TIC

Deixo l’entrevista a La Terrassa del 9TV el dimecres 8 de març de 2012 sobre addicció i usos problemàtics de les TIC. 

Marihuana contra la crisis

Publicat a www.lasdrogas.info
Accedeix a l’article origina clicant aquí.

Desde de la propuesta del pueblo de Rasquera estos días escuchamos muchas noticias sobre la marihuana. Su alcalde, Bernat Pellissa, ha planteado la cesión de terrenos municipales a la Asociación Barcelonesa Cannábica de Autoconsumo (ABCD) -que cuenta con 5.000 socios- para cultivos de cannabis, bajo unas condiciones de control y supervisión. De hecho, estamos hablando de llevar a cabo una iniciativa que hace años que existe y que practican diferentes asociaciones cannábicas en un marco de alegalidad que, francamente, tampoco ayuda a consumidores ni prohibicionistas a encontrar ni entendimiento ni acuerdo. En otras comunidades de España también han surgido iniciativas similares. En cualquier caso, reconozcamos que más allá de la expectación mediática de esta propuesta, se plantea una alternativa al mercado negro que sea regulada y transparente.

No es nuevo reconocer que un número significativo de la población consume cannabis. Joven, y no tan joven. Y si bien es cierto que su consumo es importante, la interpretación de las estadísticas y posibles consecuencias de su consumo a menudo es poco rigurosa. Cada vez que aparecen datos en los media se enciende la señal de alarma, frecuentando informaciones confusas e, incluso, que se contradicen. Se mezclan conceptos -el uso terapéutico se contrapone al lúdico -, se agrupan diferentes realidades -no se diferencia entre quiénes hacen un uso problemático o no, y entre quienes tal vez sólo lo han probado- buscándose causas y culpables. El debate existente tiende a exaltar los discursos extremos. Y de entre quiénes resaltan las excelencias, a quiénes niegan cualquier utilidad, se desvanecen los puntos intermedios y carecemos de margen para extraer conclusiones prácticas y realistas. Y ante esta doble lectura sobre la que pivotan las interpretaciones principales -estar a favor o en contra- tendremos que buscar soluciones que favorezcan una convivencia no problemática con esta realidad. (Aplazamos para otro artículo el debate sobre la legítima búsqueda de la ebriedad). Si a todo esto le sumamos la preocupación sobreañadida que a menudo rodea la adolescencia, nos asaltan la inquietud y el pesimismo.

Legalmente el marco confunde. Recordemos que el consumo de cannabis, pese a no estar penalizado en España, se sanciona administrativamente por tenencia y/o autoconsumo en espacios públicos o de pública concurrencia, de acuerdo con una ley impuesta por el Ministro socialista Corcuera vigente desde el año 92. Además, el Código Penal sí considera delito el cultivo, la elaboración o el tráfico de drogas. Pero bajo una penumbra jurídica que da margen a confusiones e interpretaciones contradictorias: ¿qué plantea sobre el autocultivo o el consumo compartido? Y es este vacío legal el que se ha aprovechado para avanzar en un terreno cargado de excesiva moralidad.

Es evidente que, marco jurídico aparte, socialmente se ha abierto un debate. Y quien está en contra de todo eso apela a que los beneficios de regular el mercado negro aumentarían posiblemente el consumo, aunque es difícilmente demostrable. Asimismo facilitaría que otras drogas de mayor riesgo, como la cocaína, fueran más deseadas dada la idea de “la atracción por lo prohibido”, basándose en que permitiendo ciertos consumos de cannabis la gente entenderá que las otras drogas sean percibidas cómo menos peligrosas. Pero obvian aspectos que tendríamos que valorar en clave positiva. Propongo algunos:

  1. tendríamos una sustancia menos adulterada, por lo que dispondríamos de control sobre la calidad.
  2. Los consumidores estarían en espacios más controlados, por tanto, “seguros”.
  3. Controlaríamos mejor la accesibilidad, sobre todo pensando en aquellos adolescentes que actualmente acceden con más facilidad a cannabis que alcohol, por poner una situación típica y paradójica.
  4. Tendríamos regulado un sector profesional que actualmente existe, y todo lo hace en negro (una de las máximas pregonadas por el alcalde de este pueblo tarraconense).

Por lo que ya que estamos en pleno debate sobre su viabilidad, construyamos algunas ideas para su regulación: estaremos de acuerdo, inicialmente, que en toda esta historia debemos preservar una dimensión ética. Por lo que mejor constituir cooperativas o asociaciones, asamblearias y con objetivos comunes compartidos, obligatoriamente ausentes de ánimo de lucro, antes que entregar la cuchara a empresas neoliberales, algunas de ellas presentes en la última feria Spannabis. Soy partidario de que de ninguna droga -alcohol incluida- se tiene que hacer publicidad, ya que crea problemas a mucha gente como para que favorezcamos su promoción. Quizás también tendremos que pasearnos por diferentes propuestas de asociaciones cannábicas y comparar sus modelos. En segundo lugar, garanticemos una relación (casi)obligatoria entre usuario y productor. Esto es, promover “círculos cerrados”: entre usuarios conocidos y registrados; y no abierto a todo tipo de público. Promoviendo que estos mismos puedan convertirse en agentes “portadores” de salud. Es decir, capaces de promover un consumo responsable y preparados para detectar consumos problemáticos y conocer protocolos de intervención. Será imprescindible dar toda la información básica y necesaria sobre sus consumo, adecuada a los principios de objetividad, moderación, prudencia y responsabilidad. Más cuestiones: tendremos que conocer la composición y calidad de la sustancia. Por lo que se necesitarán análisis claros y controles de producción, como la mayoría de productos destinados al consumo humano. Con una propuesta de funcionamiento y regulación legal clara y transparente, coordinada con la Administración, los Servicios de Salud, los Cuerpos de Seguridad, e integrada en la lógica pública de mercado, con su correspondiente pago sensato de impuestos. Pese a todo, aprendamos lo que nos ha pasado con el alcohol y tabaco para evitar nuevos modelos éticamente dudosos. Por último: limitemos su acceso a mayores de edad. In-sensateces aparte, es evidente que no estamos socialmente suficientemente maduros para hablar de consumos adolescentes. Aunque es cuestionable apelar a la edad legal para regular ciertas decisiones.

El debate a plantear pues no es sobre qué problemas provocará este cultivo. Sino cómo construir un proceso constructivo de regulación legal del consumo de cannabis. Ha quedado sobradamente demostrado que las políticas sobre drogas son problemáticas, generando más problemas que soluciones. Y contraproducentes, ya que aumentan el consumo a pesar del pretendido control de la oferta. El reto es abrir el debate de la regulación legal, mal llamada legalización. Sin miedos ni tapujos. Visto lo visto, tenemos poco que perder. Eso sí, utilicemos un discurso maduro y coherente. Es decir, reconducir la inversión a perseguir la oferta a favorecer una demanda controlada: mayor dedicación en educación y prevención. El consumo de drogas genera beneficios a quien participa de la venta y crea conflictos a un sector de la gente que las consume. Ahora más que nunca tenemos que saber “vender” la abstinencia como una de las mejores herramientas para evitarse problemas. Y ésta no sólo pasa por ser abstinente, sino para hacer un buen uso de la prudencia, la consecuencia y el sentido común (¿común?). Pero no debemos utilizarla en exclusiva. Pues vamos a negar una realidad presente y que seguirá siendo. Centrándonos en el cannabis, tal vez habrá que apostar por educar en la responsabilidad. Y no en un mensaje sobradamente ineficaz y poco realista-tipo “No a las drogas”.

En época de crisis el interés por preservar la salud se desvincula drásticamente los intereses económicos. El poder económico obviamente gana esta batalla relegando la salud a un segundo plano. El paquete “Ómnibus” en Cataluña así lo ha demostrado, retornando privilegios a la industria de bebidas alcohólicas y de las máquinas tragaperras aumentando así los riesgos de los potenciales consumidores. De hecho, todo esta historia de Rasquera me recuerda el recorrido del cambiante discurso que Arnold Schwarzenegger desarrolló durante sus mandatos en California: inicialmente, marcó el consumo de marihuana como un objetivo a combatir y lo persiguió, suponemos que inspirado por la trilógica Terminator. Años después en cambio abogó por su legalización . ¿Y este cambio? Pragmatismo, decía. Concretados en los 6.000 millones de dólares ganados anualmente a partir la fiscalización de su cultivo y consumo. Cuatro años atrás de esta propuesta de regulación nos alarmaba sobre los graves problemas de la salud asociados a su consumo, con un discurso científico -altamente demagógico- cargado de moral conservadora. Por todo esto sería deseable que fuéramos más allá de entender este hecho de Rasquera como una mera oportunidad económica ante la crisis. Y si ha de servir para regular algo que necesita una regulación evidente, adelante. Tampoco hay que alarmarse por este debate. Ahora bien, que impere el sentido común y preservamos un mínimo equilibrio entre los intereses empresariales y los derechos -y deberes- de los consumidores.

Jordi Bernabeu Farrús Psicólogo. Servicio de Salud Pública. Ayuntamiento de Granollers

Marihuana en temps de crisi

Article publicat a SobreDrogues.net

Protocol per a citar aquest article: Bernabeu Farrús, Jordi. 3 de març de 2012. « Marihuana en temps de crisi ». www.sobredrogues.net/rasquera
Descarrega-te’l en pdf clicant aquí


Portem dies parlant de marihuana a partir de la proposta
de Rasquera. El seu alcalde, Bernat Pellissa, ha plantejat la cessiódeterrenysa l’Associació Barcelonina Cannàbica d’Autoconsum (ABCDA ) -de 5.000socisper cultivar marihuana, sota unes condicions de control i supervisió. De fet, estem parlant de dur a terme una iniciativa que fa anys que existeix i que practiquen diferents associacions cannàbiques en un marc d’al·legalitat que, francament, tampoc ajuda a consumidors ni prohibicionistes a trobar punts d’entesa i acord. En altres comunitats d’Espanya també han sorgit inciatives similars. En tot cas, reconeguem aquesta com una de les propostes més “constructives” davant tot el paroxisme actual, ja que almenys planteja una alternativa al mercat negre que sigui regulada i transparent. Més enllà del debat sobre la legítima recerca de l’ebrietat.

No és nou reconèixer que un nombre significatiu de la població consumeix cànnabis. Jove, i no tan jove. I, si bé és cert que el seu consum és important, la interpretació de les estadístiques i les possibles conseqüències del seu consum sovint és poc rigorosa. Cada vegada que apareix una dada en un mitjà de comunicació s’encén la senyal d’alarma, sovintejant informacions confuses i, fins i tot, contradictòries. Es barregen conceptes –l’ús terapèutic es contraposa al lúdic -, s’agrupen diferents realitats – no es diferencia entre qui en fa un ús problemàtic o no, i entre qui potser només l’ha provat- i es busquen causes i culpables. El debat existent tendeix a exaltar els discursos extrems. I d’entre qui en ressalta les excel·lències, a qui en nega qualsevol utilitat, els punts intermitjos s’esvaeixen donant poc joc per a extraure’n conclusions pràctiques i realistes. I davant d’aquesta doble lectura, sobre la que pivoten les interpretacions principals – estar a favor o en contra- haurem de buscar solucions que afavoreixin una convivència no problemàtica amb aquesta realitat. Si a tot això li sumem la preocupació sobreafegida que sovint envolta l’adolescència, ens assalten la inquietud i el pessimisme.

Legalment, el marc és confús. Recordem que el consum de cànnabis, tot i no estar penalitzat a l’Estat espanyol, es sanciona administrativament per tinença i/o autoconsum en espais públics o de pública concurrència, d’acord amb una llei imposada pel Ministre socialista Corcuera l’any 92. A més a més, el Codi Penal sí considera delicte el cultiu, l’elaboració o el tràfic de drogues. Però sota una penombra jurídica que dóna marge a confusions i interpretacions contradictòries: aquesta llei planteja l’autocultiu o el consum compartit? I és aquí on cal aprofitar-se d’aquest buit legal per avançar en un terreny carregat d’excessiva moralitat.

És evident que, marc jurídic apart, socialment s’ha obert un debat. I qui està en contra de tot això apel·la al fet que els beneficis de regular el mercat negre causarien un possible augment del consum, difícilment demostrable. Així mateix facilitaria que altres drogues de més risc, com la cocaïna, fossin més desitjades donada la idea del’atracció per allò prohibit“, basant-se en què permetent certs consums de cànnabis la gent entendrà que les altres drogues siguin percebudes com a menys perilloses. Però obvien aspectes que hauríem de valorar en clau positiva. En proposo alguns: (1) tindríem una substància menys adulterada, pel que disposaríem de control sobre la qualitat. (2) Els consumidors estarien en espais més controlats, pertant, “segurs”. (3) Disposaríem de més control de l’accessibilitat, sobretot pensant en aquells adolescents que actualment accedeixen amb més facilitat a cànnabis que alcohol, per posar una situació típica i paradoxal. (4) Tindríem regulat un sector professional que actualment existeix, i tot ho fa en negre (una de les màximes pregonades per l’alcalde d’aquest poble tarragoní).

Pel que ja que estem en ple debat sobre la seva viabilitat, cal construir algunes idees per a la seva regulació: estarem d’acord, inicialment, que cal preservar una dimensió ètica de tot plegat. Pel que millor cooperatives o associacions, assembleàries i amb objectius comuns compartits, obligatòriament absents d’ànim de lucre, abans que donar mà estesa a empreses neoliberals, algunes d’elles manifestades en l’última fira Spannabis. Sóc partidari que de cap droga –alcohol inclosa- cal fer-ne publicitat. Per allò que crea problemes a molta gent com per afavorir la seva promoció. Potser caldrà passejar-nos per diferents propostes de regulació cannàbica i comparar models. En segon lloc, garantim una relació (quasi)obligatòria entre usuari i productor. Això és, promoure “cercles tancats”: entre usuaris coneguts i registrats que no pas obert a tot tipus de públic. I promovent que aquests mateixos puguin convertir-se en agents “portadors” de salut. És a dir, capaços de promoure un consum responsable i preparats per a detectar consums problemàtics i conèixer protocols d’intervenció. Serà imprescindible donar tota la informació bàsica i necessària –adequada al principis d’objectivitat, moderació, prudència i responsabilitat- sobre com consumir-ne. Més qüestions: caldrà conèixer la composició i qualitat de la substància. Pel que es necessitaran anàlisis clars i controls de producció, com la majoria de productes destinats al consum humà. Amb una proposta de funcionament i regulació legal clara i transparent, coordinada amb l’Administració, els Serveis de Salut, els Cossos de Seguretat, i integrada en la lògica pública de mercat: pagament sensat d’impostos. Ara bé, aprenguem del què ens ha passat amb l’alcohol i tabac per evitar nous models d’ètica dubtosa. Per últim: garantim que l’accés sigui a majors d’edat. O travem l’accès als menors. In-sensateses a part, és evident que no estem socialment prou madurs per parlar de consums adol·lescents. Tot i que és qüestionable apel·lar a una qüestió d’edat legal per regular depèn quines decisions.

El debata plantejar doncs no és sobrequins problemes provocarà aquest cultiu. Sicom construir un procés constructiu de regulació legal del consumde cànnabis. Ha quedat sobradament demostrat que les polítiques sobre drogues són problemàtiques, generant més problemes que no solucions. I contraproduents, ja que augmenten el consum malgrat el pretès control de l’oferta. El repte és obrir el debat de la regulació legal, mal anomenada legalització. Sense pors ni embuts. Vist el què, tenim poc a perdre. Això sí, utilitzem un discurs madur i coherent. És a dir, reconduir la inversió a perseguir l’oferta a afavorir una demanda controlada: major dedicació en educació i prevenció. El consum de drogues genera beneficis a qui en participa de la venda i crea conflictes a un sector de la gent que les consumeix. Ara més que mai hem de saber “vendre” l’abstinència com una de les millors eines per evitar-se problemes. I aquesta no només passa per ser abstinent, sinó per fer un bon ús de la prudència, la conseqüència i el sentit comú (“comú?”). Però no hem d’utlitzar-la en exclusiva. Doncs negarem una realitat present i que seguirà essent. Centrant-nos en el cànnabis, potser caldrà apostar per educar en la responsabilitat. I no en un missatge sobradament ineficaç –i poc realista- tipus “No a les drogues”.

En època de crisi l’interés per preservar la salut es desvincula dràsticament dels interessos econòmics. Òbviament els diners guanyen aquesta batalla on la salut queda relegada a una segona posició. El paquet “Òmnibus” així ho ha demostrat, retornant privilegis a l’indústria del beure i de les escurabutxaques per davant de protegir dels riscos dels potencials consumidors. De fet, tot això de Rasquera em recorda el recorregut del discurs canviant que Arnold Schwarzenegger desenvolupà durant els seus mandats a Califòrnia: inicialment, marcà el consum de marihuana com un objectiu a combatre i el perseguí, suposem que inspirat per la trilògica Terminator. Anys després, en canvi advocà per la seva legalització. I aquest canvi? Pragmatisme, deia. Concretats en els 6.000 milions de dòlars guanyats anualment a partir la fiscalitazació del seu cultiu i consum. Quatre anys enrere d’aquesta proposta de regulació ens alarmava sobre els greus problems de la salut associats al seu consum, amb un discurs científic -força demagògic- carregat de moral conservadora. Per tot, seria desitjable que anéssim més enllà d’entendre aquest fet de Rasquera com una mera oportunitat econòmica davant la crisi. I si ha de servir per regular quelcom que necessita una regulació evident, endavant. Tampoc cal esverar-se per aquest debat. Ara bé, que imperi el sentit comú i preservem un mínim equilibiri entre els interessos empresarials i els drets -i deures- dels consumidors.

Cultius de marihuana

Carta publicada a l’Ara. 3 de març de 2012.

En època de crisi, l’interès per preservar la salut queda dràsticament desvinculat i fins i tot oposat als interessos econòmics. Òbviament, aquesta batalla acaben guanyant-la els diners i la salut queda relegada a una segona posició. El paquet legislatiu anomenat llei òmnibus així ho ha demostrat. Recordem que el retorn de certs privilegis a la indústria del beure i de les escurabutxaques ha passat per davant de la idea de protegir els potencials consumidors dels riscos corresponents.

Podem entendre aquest fet de Rasquera com una mera oportunitat econòmica en un context de crisi, però seria desitjable que anéssimmés enllà. I si ha de servir per regular una cosa que necessita una regulació evident, endavant. Ara bé, cal que imperi el sentit comú i que preservem un mínim equilibri entre els interessos empresarials i els drets –i deures– dels consumidors.

Jordi Bernabeu Farrús
Centelles (Osona)
Cultius de marihuana – Ara 3 de març de 2012

Pantalles i internet: usos responsables i segurs

Deixo la xerrada que he fet avui en la taula rodona a la Biblioteca Roca Umbert sobre internet, pantalles, sguretat i responsabilitat. Organitzada per la Xarxa d’AMPAs de Granollers, l’Ajuntament de Granollers, la Biblioteca Roca Umbert i els Mossos d’Esquadra.

 

Escurabutxaques contra la crisi

Carta publicada a La Vanguardia (particpació)
Accedeix a la font original clicant aquí.

Llegeixo aquests dies a la premsa que el Govern prepara un decret en el marc de la Llei Òmnibus que  projecta “suavitzar” el reglament de les màquines escurabutxaques, derogant-se tot un seguit de restriccions que es van aprovar en els últims anys de tripartit amb la finalitat de vetllar i protegir-nos dels potencials riscos d’addicció i abús al joc.  En aquest s’explica que es possibilitarà de bell nou la disponibilitat d’aquestes màquines en espais diversos (hotels, per exemple). Es facilita per tant, la seva difusió. Entenc que amb la finalitat que es jugui més (per què s’aplica aquesta llei, sinó?).

Altrament, fa uns mesos ja llegíem que al “Paquet Òmnibus” es tornaven certs privilegis a la indústria del beure, retornant, per exemple, a la barra lliure o donant certes facilitats per la venda d’alcohol, en un clar gest de complicitat cap als empresaris.

Suposo que a ningú se li escapa una realitat evident: la qüestió del joc i de les escurabutxaques -i la de l’alcohol- és essencialment un assumpte d’interès econòmic: business pur i dur. Sóc partidari que no cal estimular cap relació que pugui comportar significativament problemes. I les escurabutxaques els porten. El sentit comú -control, prudència i moderació- és incompatible amb aquesta promoció. 

Seria desitjable que aquesta proposta fos eliminada, doncs torna a donar certa màniga ampla al mercat per fer i desfer la seva maquinària de màrqueting, sovint d’ètica dubtosa i carregada de contradiccions. De fet, una vegada més comprovem que determinades mesures avantposen els interessos econòmics, sobretot els del sector privat -que segurament estarà encantat amb aquesta mesura- als que preserven la salut i sensatesa. I més ara, amb la situació de crisi, el debat de l’Eurovegas i la constant recerca de noves oportunitats d’ingressos. Després, en canvi, ens parlen de valors. Quina hipocresia…

Llibres com a còctels molotov…

Publicat a la secció “Blog de los lectores” de La Vanguardia.
Accedeix a la font original clicant aquí.

Aquests dies estem vivint uns lamentables incidents a València. El que havia de ser una inicial protesta d’uns estudiants de secundària davant les retallades en qüestions estructurals bàsiques de qualsevol sistema educatiu (una cal·lefacció a l’aula, per exemple) ha acabat sent una batalla campal. Les imatges i videos que circul·len per la xarxa han donat fe d’una intervenció desemesurada, impròpia d’un país amb sentit comú i d’uns administradors –tecnòcrates o polítics- que s’obliden que darrere el seu farragós discurs partidista, l’enèssim intent d’amagar un nou cas corrupció o les seves lluites de poder, cada vegada tenen ciutadans més joves disposats i actius a fer front a les seves dificultats de present, i consequent futur.

I és per això que a diferència d’històries passades, els “enemics” contra els que s’ha hagut d’enfrontar la polícia aquesta vegada no han estat pas persones adultes al límit de l’exclusió social i laboral. Sino que adol·lescents -pre-adol·lescents, en alguns casos- i joves que han fet lliure excercici del sa dret de manifestar-se cívicament per quelcom que estaven en desacord.

Si som simplistes, i en aquest païs ho som molt, algú es preguntarà: tot plegat, però una calefacció de 1.500 euros? Òbviament, darrere aquest sarcàstic reduccionisme cal advertir de cinc avisos:

1. Paradoxes de l’individualisme! Si desde fa uns anys avisàvem que teníem una promoció d’adol·lescents i joves cada vegada més educats en l’egocèntrica idea del “jo decideixo la meva vida” (prioritzant l’individu per davant del col·lectiu) ara tenim un col·lectiu de nois i noies amb interés per participar de la vida pública –i política. Pel que han fet de les seves necessitats una queixa, i s’han manifestat per allò que legítimament els pertany.

2. Joves sense futur. Futur sense joves! En una societat que es mou constantment en aquest doble vincle es poden generar respostes desadaptives quan l’eqüació expectatives de vida-resultats no té sentit. I més en una comunitat que no té per cal·lefacció a les escoles o d’altres serveis públics però en canvi inverteix ingents quantiats d’euros en circuits urbans de Fòrmula 1 o vestits per als seus polítics absolts de quaslevol responsabilitat en la seva adquisició.

3. La majoria d’edat no condiciona la possibilitat de manifestar-se o no, participar democràticament en els assumptes que a un li pertoquen, o implicar-se en la gestió organitzativa de la societat. Com tampoc si poden o no beure alcohol, demanar consentiment als pares per avortar, etc. No fem dels 18 anys l’excusa per integrar o excloure algunes reclamacions. Posats a demanar consentiment, qui ha demanat permís als seus pares per poder fotre’ls els joc d’hòsties que hem vist pels mitjans?

4. En èpoques de dificultats reals hem vist els resultats de la bombolla de  l’hiperprotecció. Fa anys que domina un discurs excessivament proteccionista. Infants, adol·lescents  i joves que tractem com a vertaders tresors i vetllem perquè no els falti res. Mentre hem viscut en l’abundància hem anat deixant de banda algunes qüestions per debatre i pensar: no estàvem frenant la seva capactiat d’autonomia, l’atorgament progressiu de responsabilitats i fent de qualsevol risc un problema? Ara que ha petat la bombolla, potser que apostem per un discurs més autocrític. No valen els discursos retrògrads. Sobretot aquells que ens recorden que el passat educava millor. Amb més valors…

5. Quan la relació educativa perd força i retornen els conceptes d’autoritat i esforç. Em dona la sensació que poc impera l’autocrítica i que cada vegada pequem més –en el marc educatiu- de ser excessivament conservadors. Si bé és cert que sovint ens manquen rumbs, no oblidem que recuperar o construir discursos d’escasssa consistència ens pot provocar falses esperançes. S’apel•la recurrentment a que els nois i noies estan mancats de límits, a la poca capacitat educadora de la nostra societat, etc. I són frequents els missatges que ens arriben darrerament que reinvindiquen més jerarquia, culpen l’excés de permissivitat i demanen altivament recuperar la cultura de l’esforç. M’imagino que els bons mestres no deuen demanar que se’ls atorgui aquest rang per llei. Ells mateixos ja se’ls guanyen en el seu dia a dia. Tot i que sigui sota l’excusa de la protecció i integritat. Quatre breus reflexions: No s’esforçaran perquè un altre els ho imposi. Calen objectius clars, motivadors i i certament il•lusionants perquè un justifiqui el seu propi esforç. Potser ens haurem de replantejar el nostre model com a educadors. I proposar quelcom més connectat entre les nostres pretensions i les seves expectatives.

Si bé les xarxes socials van carregades d’indignació tinc els meus dubtes que a nivell polític s’assumeixin responsabilitats. No ens enganyem. Ben al contrari: les constants majories absolutes així ho demostren. De fet, en breu sorgiran discursos polítics que emmascararan els fets apel·lant a que darrere d’aquests joves es mouen bandes expertes en delinqüència urbana (la kale borroka de l’època de Mayor Oreja, o els professionals manifestants incívics que tant comenta el Conseller Puig). Encara que aquesta vegada trobem que són adol·lescents que, desencantats o no, han fet ús del digne i constitucional dret de manifestar-se. Tot i que actualment també estigui en qüestió.  No oblidem, si us plau, que la crispació ve condicionada a la idea de manca de futur. I pal·liar-la a cops de porra no és la solució. Ni aquí, ni a Lapònia.

Created with flickr slideshow.

Amb l’educació no s’hi juga (o sí?)

Carta a El9Nou
11 de febrer de 2012.

Durant els últims mesos l’ensenyament (o educació?) ha esset objecte de moltes propostes de canvi. Tant el govern nacional com estatal han plantejat iniciatives tan variades com introduir l’emprenedoria a les escoles, atorgar rang d’autoritat legal als professors, o bé canviar l’Educació per a la ciutadania per quelcom més de caire Constitucional. Aquests últims dies ens trobem la proposta d’allargar el batxillerat i escurçar l’enseyament obligatori.

S’entén que aquestes propostes es duran a terme per afrontar l’actual situació crítica i paradoxal. Als centres educatius tenim altes taxes de fracàs escolar i baixos resultats obtinguts per diferents informes d’avaluació, de dubtosa aplicació. I al carrer, un alt nombre d’aturats (un 60% dels quals sense els ensenyaments mínims obligatoris superats; i d’entre el 40% restant resulta que hi ha un alt nombre de sobrequalificats).

És evident que cal una reformulació de l’educació. Però prenguem-nos-ho seriosament Ara no ho estem fent. Tot plegat dóna una sensació d’improvisació total. I en comptes de fer de l’educació una qüestió d’Estat (i de ciutadania) l’estem deixant en mans dels partits governants de torn, que reformaran per enèssima vegada les lleis que ja s’apliquen en funció dels seus interessos. Estic segur que acabarem reduint qüestions estructurals sobre el sistema educatiu a simplificacions tals com decidir sobre la llengua vehicular, o bé introduir la Constitució a les aules.

“Que ningú em malinterpreti. Decidir sobre la llengua pròpia no és una simplificació. Senzillament és un debat inútil instrumental d’aquells que no volen veure més enllà. Sobre això no hi ha res a dir:està més que decidida la llengua vehicular”
 

Per cert, ja que reformulen: també caldrà pensar en un sistema laboral que garanteixi una introducció més flexible d’aquells adolescents que no es trobin a gust o no considerin els ensenyaments mitjans o superiors. En canvi, probablement, també acabarem reduint-ho a propostes tipus acomiadaments per dies treballats o reduccions salarials dels funcionaris.

Pel que, ja que ho fem, fem-ho bé, si us plau…

Jordi Bernabeu Farrús
Centelles (Osona)

Cànnabis i marc legal

Deixem la presentació feta ahir en motiu de la cel·lebració de la troba de Creu roja Joventut i el projecte Som.Nit “Cànnabis i marc legal”. Agraïts a en Pau, la Marta i companyia, alhora que contents d’haver-ho compartit amb els seus voluntaris, la gent de la Maca i Airam.

Pàgina 7 de 12« Primera...56789...Última »